
Para mí, Alejandro Marticorena es un hermano de la vida. Y como buenos hermanitos, nos encontramos, nos alejamos y nos volvimos a encontrar. Pero hoy no quiero escribir de él y de su blog porque seamos amigos. Porque, la verdad, aún si no lo conociera ni de nombre y me hubiese topado con su Diario de Diálisis igual estaría escribiendo este post. Eso que quede claro. Porque lo que él hace desde allí es darle otra función al weblog: la de contar un proceso personal, un tratamiento, los síntomas de una insuficiencia renal, la atadura que padecen veinte mil argentinas y argentinos con la diálisis. Todo desde adentro.
Ale o el “Mono”, como lo conocemos, es un gran narrador. Y ccomo tal tiene la virtud de conversarte al escribir. O tal vez sea que yo tengo ya tan incorporada su voz que cuando lo leo parece que me hablara. Por lo que les pido a los que pasen por este blog, por favor, díganme si no les sucedió lo mismo.
Claro que en eso de contar también salen cosas duras, como algunos de sus largos posts. Una dureza que está bien porque no está contando un cuento de hadas, sino transmitiendo en tiempo real lo que le pasa a un tipo de cuarenta y poquitos años que tiene que estar atado cuatro horas, tres veces por semana, a un aparato que le limpia la sangre:
qué se siente, qué se piensa, cuáles son los miedos que asaltan a un paciente (al menos uno de mi edad y mis condiciones) que entró en hemodiálisis, qué se ve “de este lado” cuando uno entra a la sala de diálisis y se recuesta en el sillón, esperando los pinchazos en el antebrazo y construyendo la paciencia necesaria para pasar cuatro horas, tres veces por semana, acostado y con un brazo inmóvil.
Porque claro, Ale, cuando se enteró lo que le pasaba buscó y rebuscó en Internet información sobre esa puta insuficiencia renal crónica. Y por cierto que la encontró. Y allí se dio cuenta que Internet está llena de conceptos y significados. Pero hay poca vivencia, poco ser, poco contarse de todo lo que gira alrededor de un paciente en diálisis…
…la información “dura” es, creo, la que abunda en la red, y los interesados podrán acceder fácilmente a ella.
Entonces fue cuando comenzó a contar. Y empezó por el principio, cuando el nefrólogo le dijo que tenía que hacer diálisis:
Así que diálisis. Mirá vos. Quién me lo iba a decir… Me llevó una semana asimilar el golpe. Estuve más o menos 7 días como en otro planeta. Pero las ociones eran claras: empezar el tratamiento para comenzar a estar mejor y recuperar mi estado previo al inicio de la Insuficiencia Renal Crónica… o sentarme a esperar la muerte a mediano o largo plazo. En realidad, más mediano que largo. “Tuve suerte de nacer en esta época”, me dije más de una vez. “Mirá si estuvieses en un período histórico donde no hubiese tratamiento para esta enfermedad. Se me habría pasado el cuarto de hora… y tanto ‘pescado sin vender’
De más está decir que Ale está en la lista de los que esperan un trasplante de riñón. Y también sobra decirles de mi bronca, de mi impotencia (a mí con los años estas cosas también me generan bronca) por ese no-sé-qué-hacer frente a situaciones como estas. Sólo alentarlo a que siga con este blog que es, por cierto, la crónica de las consecuencias de una puta insuficiencia renal crónica.
Algo que hace desvistiéndose del ropaje de periodista para escribir esa crónica en carne viva, en primera persona, como corresponde a un blog y como lo siente una persona que un día se sorprendió porque tuvo que:
“…pensar en la muerte para seguir con mi vida”
Diario de Diálisis